
La última joda la paga el Señor, que le divierten las penas ajenas de hoy. La última moda la impone, el Señor marcándome la tendencia-demencia de hoy: El tiene todo lo que hoy precisás, y los infantes se parten el alma por más. El te cautiva, mostrando a su dios, que no es el tuyo, pero juega para los dos.
La última vida la pide el Señor y te perdona lo malo de tu corazón.
La última miga la roba el Señor alimentando su rabia y su falta de amor.
Esa clientela de ciega se da y va tragando la mierda, de toda ciudad. Ese aparato te invita a morir y te reduce a lo simple de nunca sufrir.

Y es así, o te rebelás o te consumís, cerrando los ojos, no sirve aplaudir. La hora del miedo parece llegar y aquí no vale pensar. Y cuándo quieras soñar sólo habrán pesadillas; o cuándo quieras volar quedarás de rodillas. Ese camino, te exige mentir o te reduce a lo triste de sobrevivir. Esa montaña se va a derrumbar encima de todo aquél que te quiera dañar.
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